Cuántas veces sucede en la vida, que por orgullo o por temor, dejamos que se escape de nuestras manos, como agua, lo que nos podría hacer felices? Y se da uno cuenta, demasiado tarde, de lo que se dejó ir, y llega irremediablemente el inútil arrepentimiento. Un
breve relato o una simple historia, que bien puede tomarse como real, o no:
Esta historia comenzó a escribirse hace algunos inviernos, cuando supliqué que no se fuera, porque no podía entender que seguía su ideal, y sus ideales y los míos estaban a kilómetros de distancia. Fue entonces que descubrí que ese hombre me importaba más de la cuenta, más de lo que yo misma sabía, cuando lo tenía a mi lado. No comprendo en qué momento decidí salir de su vida, en qué momento me aparté de sus sueños, de sus cartas… de su amor. Quizá el coraje de saberlo lejos me ayudó a olvidar, pero también a comprender que lo más adecuado e importante para alguien es seguir sus ideales… sus convicciones.
Sí lo recuerdo, a veces con afecto y otras como algo punzante, doloroso, pensando en un beso de despedida que no se dio jamás, en el “te quiero” que nunca salió de nuestros labios…
Ahora sólo soy una simple espectadora de la vida de ese hombre… aquel hombre que alguna vez me hizo soñar… y soñamos juntos, de aquél cómplice, amigo… todo. Aquel hombre que, de no haber seguido sus sueños, sería hoy en día un feliz novio, o tal vez un amoroso esposo, pero un músico frustrado. Y yo sería una novia feliz, una amante esposa y no la sombra, espectadora de su vida.
breve relato o una simple historia, que bien puede tomarse como real, o no:Esta historia comenzó a escribirse hace algunos inviernos, cuando supliqué que no se fuera, porque no podía entender que seguía su ideal, y sus ideales y los míos estaban a kilómetros de distancia. Fue entonces que descubrí que ese hombre me importaba más de la cuenta, más de lo que yo misma sabía, cuando lo tenía a mi lado. No comprendo en qué momento decidí salir de su vida, en qué momento me aparté de sus sueños, de sus cartas… de su amor. Quizá el coraje de saberlo lejos me ayudó a olvidar, pero también a comprender que lo más adecuado e importante para alguien es seguir sus ideales… sus convicciones.
Sí lo recuerdo, a veces con afecto y otras como algo punzante, doloroso, pensando en un beso de despedida que no se dio jamás, en el “te quiero” que nunca salió de nuestros labios…
Ahora sólo soy una simple espectadora de la vida de ese hombre… aquel hombre que alguna vez me hizo soñar… y soñamos juntos, de aquél cómplice, amigo… todo. Aquel hombre que, de no haber seguido sus sueños, sería hoy en día un feliz novio, o tal vez un amoroso esposo, pero un músico frustrado. Y yo sería una novia feliz, una amante esposa y no la sombra, espectadora de su vida.

1 comentario:
Las batallas... lo recuerdo. Las batallas que uno suele librar tantas veces consigo mismo, y de las que tantas veces también se sale herido. Me tomaré la libertad de poner un fragmento de un poema maravilloso, MITO, escrito por un amigo:
"...Cómo reescribir nuestro pasado, si las cavernas negras abren paso entre el beso y el polvo, si los carruajes vuelven a ser vil calabaza cuando suenan las doce..." Iván Quintana D. C.
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