domingo, 25 de febrero de 2007

PRÍNCIPE ¿VERDE?

El otro día llegué a un negocio de fotocopiado y papelería, frente a mí estaba, en un cartel, una leyenda que decía: “se busca príncipe verde, porque el príncipe azul no existe”; me causó tanta gracia que reí a carcajadas, nunca había visto semejante frase, ni se me habría ocurrido. Desde ese día he estado intentando descifrar esa tan curiosa frase, y me pregunto cómo sería el príncipe verde.

En verdad no existe el príncipe azul, ese príncipe-azulado que tantas mujeres a la edad de quince años esperan, cuando se cree que se es princesa y dueña de un mundo de color rosa, y que dos o tres años más tarde se da cuenta de que el tal príncipe no existe, que el mundo no es rosa y que no sólo no se es princesa, sino que además éstas y los finales de cuentos de hadas no existen.
Tampoco hay ranas, ni sapos qué besar para que se dé el milagro o la magia de la transformación en un ser perfecto y dotado de toda clase de virtudes. Me imagino (y es mi muy particular punto de vista) que el príncipe azul, de existir, tendría que ser perfecto, el ideal soñado por una mujer, fiel, incapaz de mentirle a su amada, cuyo único pensamiento sea complacerla, luchador convencido de su amor, algo así como el amor del Caballero de la Triste Figura por su amada e idealizada Dulcinea del Toboso; por lo tanto, es imposible que exista, de eso no hay duda.

Pero, ¿y el príncipe verde, cómo sería? ¿existirá? Si el príncipe azul es un dechado de virtudes, y por lo mismo no hay tal, es sólo un sueño, una utopía… y considerando que se busca verde, me imagino que éste debe ser un ente con uno o dos grados de imperfección, un tanto infiel y capaz de poner sus ojos en otra, por lo tanto sí existe, pues es lo más parecido a un hombre, mejor dicho, es el hombre común y corriente. No se busque al príncipe azul, se corre el riesgo de perder toda una vida en esa búsqueda. Y quizá al príncipe verde no sea necesario buscarlo, pues en el cotidiano andar se le podrá encontrar.

sábado, 24 de febrero de 2007

Una simple historia

Cuántas veces sucede en la vida, que por orgullo o por temor, dejamos que se escape de nuestras manos, como agua, lo que nos podría hacer felices? Y se da uno cuenta, demasiado tarde, de lo que se dejó ir, y llega irremediablemente el inútil arrepentimiento. Un breve relato o una simple historia, que bien puede tomarse como real, o no:

Esta historia comenzó a escribirse hace algunos inviernos, cuando supliqué que no se fuera, porque no podía entender que seguía su ideal, y sus ideales y los míos estaban a kilómetros de distancia. Fue entonces que descubrí que ese hombre me importaba más de la cuenta, más de lo que yo misma sabía, cuando lo tenía a mi lado. No comprendo en qué momento decidí salir de su vida, en qué momento me aparté de sus sueños, de sus cartas… de su amor. Quizá el coraje de saberlo lejos me ayudó a olvidar, pero también a comprender que lo más adecuado e importante para alguien es seguir sus ideales… sus convicciones.

Sí lo recuerdo, a veces con afecto y otras como algo punzante, doloroso, pensando en un beso de despedida que no se dio jamás, en el “te quiero” que nunca salió de nuestros labios…

Ahora sólo soy una simple espectadora de la vida de ese hombre… aquel hombre que alguna vez me hizo soñar… y soñamos juntos, de aquél cómplice, amigo… todo. Aquel hombre que, de no haber seguido sus sueños, sería hoy en día un feliz novio, o tal vez un amoroso esposo, pero un músico frustrado. Y yo sería una novia feliz, una amante esposa y no la sombra, espectadora de su vida.

viernes, 23 de febrero de 2007

AHORA QUE ES FEBRERO

Febrero... febrero... ¿qué se me viene a la cabeza cuando digo febrero? pues naturalmente, corazones rojos... amor, amor, prodigar amor por aquí y por allá. Pero resulta que para mí es como cualquier otro mes, por supuesto. No es nada extraordinario, pienso, sólo que la mercadotecnia se ha encargado de que así lo parezca. Confieso que cada año, antes de que inicie este tan colorido mes, me pregunto si esta vez será distinto, pues se anuncia, desde que se están guardando en un cajón los detalles navideños, que ya llegará el 14 de febrero, y es el caso que llega este día.. pasa, ya es quince y no me acontece nada excepcional... nada, a pesar de estar rodeada de rojo, color de la pasión, aunque tal vez el amor sea algo más que simple color rojo. Quizás Cupido se suicidó de tanto equivocarse conmigo. Hace algunos años que encontré por allí en una revista, precisamente en un mes de febrero, cierto poema que he tenido por bandera, y aunque lo leía diariamente no logré que me hiciera inmune al tal amor, es una lástima; bendita (o maldita?) mente que lo pensó y manos que lo escribieron antes de que yo lo hiciera, porque seguramente la idea me rondaba en la cabeza. A continuación lo transcribo (me encanta!!!), pero cada quien sabe su cuento, su vida y sus amores o desamores, encuentros o desencuentros:

EL amor es...
fugaz como un pase de coca
artificial como el crack
barato y corriente como la mota
destructivo como el chemo.

El amor es
altamente adictivo
y nocivo para la salud.
Vive sin amor.

miércoles, 14 de febrero de 2007

CONFIESO QUE AMO A PABLO...


¿Por qué amo a Pablo? Hace mucho me gustaba, a los 13 leí por primera vez a Pablo, “me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca…” fue entonces que lo descubrí como mi favorito y comencé a amar la poesía. Pero definitivamente me conquistó el día que me dí cuenta que le escribe a las "mariposas morenas", a las de "sol negro" en sus cabellos. Confieso que desconozco si otros poetas dedican versos a las morenas, francamente no lo sé. Creo que la gran mayoría suele escribirle a las de "ojos color de cielo", "cabellos como el sol", a las de "nívea piel"... pero Pablo... Pablo... jamás se olvidó de las morenas, cómo me gustaría haber sido su musa.

"Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos."

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, y
amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena, dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Este se ha convertido en mi favorito y sólo fue la gota que derramó el vaso repleto de mi admiración por Pablo; sus poemas matadores-llegadores conquistan a cualquiera, y eso que no suelo ser romántica... creo... pero cómo resistirse a sus versos:

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso..."

O este matador-llegador, como muchos de sus poemas:

“… A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

¿Entonces, dónde estabas?
¿Entre qué gentes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?...”

Ni qué decir de "FAREWELL", uno de mis favoritos:

“Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada...”


Cómo me hubiera gustado ser su musa... insisto, ser el principio y fin de sus poemas... debe ser bonito estar en el pensamiento de alguien y quedar para la posteridad, representando la conjunción del espíritu, del corazón y la carne, como concebía Neruda a la mujer… la mujer que el poeta ama, sueña, desea y posee... Sólo quise compartirlo. Neftalí Ricardo Reyes Basoalto me emociona, me ilusiona y me hace agradecer, infinitamente, que nací mujer.

lunes, 12 de febrero de 2007

AQUELLA NOCHE...

la noche de amor que no tuvimos.

Te habría hecho el amor. Velas, oscuridad... música de Therion, Haggard... Lacrimosa... así lo hubiera querido. Te habría cubierto con mis alas. La noche era perfecta, tu noche; se antojaba que te hicieran el amor. Y sin embargo, cada quién tomó su camino... volamos hacia rumbos distintos. El hubiera no existe.