Sin nada qué decir,nada qué pensar
ni algo en qué creer…
nada por vivir.
Solo, suspendido
al borde del precipicio
con la razón agónica
el alma entumecida
y perturbada, advierte que
el tiempo sigue su marcha,
no se detiene...
con labios paralizados
intenta sonreír,
salir al encuentro de sí mismo
para perder la batalla.
El paso voraz de la angustia
le consume… le vence.
Nada por hacer.
no se detiene...
con labios paralizados
intenta sonreír,
salir al encuentro de sí mismo
para perder la batalla.
El paso voraz de la angustia
le consume… le vence.
Nada por hacer.
Nada qué sentir.
